Buscando el Norte estando en el Sur.

A veces simplemente podemos no saber a dónde vamos o qué queremos. Tenemos una idea, claro, pero sin saber por dónde comenzar.

Buscando el Norte estando en el Sur. El Norte es el punto de llegada pero para eso debe existir un punto de partida y ese es el Sur. Polos opuestos que guardan mucha distancia entre sí pero que son transitables, con puentes que permitan ir de uno a otro.

Esa esa la idea que hay que mantener: “puedo caminar siguiendo el trayecto”. 

Encontrar el Norte se resume a hacer y tener lo que deseas y te mueve. No solo es en sí algo material sino la satisfacción que produce haber cumplido con ese sueño de tenerlo. Todos en algún punto estamos situados en el Sur: soñando, imaginando, queriendo, pensando, dejando de querer. Y en el momento en que decidimos dar un paso, automáticamente estamos construyendo en el plano exterior ese deseo.

¿Dónde te encuentras hoy?

 

 

 

 

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¿Cuándo dejar de insistir?

Esta es una pregunta que seguro nos hemos hecho todos en más de una ocasión:  ¿cuándo dejar de insistir?

La verdad es que es una cuestión NO de tiempo, sino de sentir. No existe un día y una hora determinada para decir: ¡YA BASTA!, pero sí empieza a surgir un sentimiento de sobrecarga, un estado de hastío y cansancio, muchas veces de hostilidad y tristeza porque realmente el estar dando vueltas sobre un mismo punto agota.

Cuando queremos algo, sea lo que sea, la perseverancia es un punto importante. La insistencia es sana hasta cierto punto porque nos permite mantenernos constante en nuestro objetivo pero a veces pasa lo siguiente: perdemos el foco y dejamos de perseguir lo que en un principio queríamos para pasar a demostrarnos algo a nosotros mismos o a los demás; ya no se trata de cumplir un sueño, sino de satisfacer un capricho.

Si insistes, ¿para qué lo haces?, ¿qué estás persiguiendo?, ¿qué recursos estás usando?, ¿alguien te ha dicho que no puedes?, ¿hoy deseas tanto alcanzar eso como lo hacías en un principio?, ¿has usado distintos métodos para alcanzar el objetivo?

Si te sientes agotado, ¿por qué sigues insistiendo?

 

Empezar de cero

¿Alguna vez te ha pasado? A veces es una elección, otras toca sin uno querer. Hasta hace poco pensaba en lo que esto significa para mí: dejar lo que conozco atrás, despedidas, nuevo camino, transformación, lágrimas, risas, tiempo, espera, recuerdos.

Lo he vivido varias veces y todas han sido significativas para mí, pero esta última más que nunca porque esta decisión está cargada de mucho sentir, de mucha valentía, porque fue mi elección esta vez. 

Emigrar no es nada sencillo. El que ha tenido esta experiencia sabe lo que se siente. Cuando el día se acercaba muchas veces quise detener el tiempo, estar más rato con la gente que amo, vivir cada segundo al máximo, grabarme sus rostros para no perder detalle. Hay personas que tienen mayores razones para irse y otras tienen mayores razones para quedarse. En base a eso se toma la decisión.

Con el pasar de los días me he dado cuenta que realmente nunca se comienza de cero. De cero comenzamos cuando nacemos, cuando somos tabula rasa (tablilla sin escribir). Pero tenemos un repertorio de herramientas, estrategias, un sistema de creencias, una fortaleza que sale de muy dentro ante situaciones nuevas que nos permite adaptarnos. 

¿Recuerdan esa frase muy famosa que dice “el más fuerte sobrevive”? Se ha popularizado mal, realmente no decía así, sino que la gente la fue adaptando. Charles Darwin, un científico que habló sobre la evolución de las especies fue quien dijo esto por primera vez, pero de esta manera: 

No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio.

La fuerza no es sinónimo de agresividad y a veces cuando estamos en un nuevo lugar queremos que los demás se adapten a nosotros y eso es una forma agresiva de introducirnos a su estilo de vida. Somos nosotros quienes nos tenemos que adaptar al nuevo lugar, sin perder nuestra identidad pero abiertos a cambios que sean positivos. 

Si estás en una nueva situación, tú eres un ser capaz de adaptarte. Ya no te toca empezar de cero, sino ir acomodando lo nuevo a tus esquemas para ser una persona más íntegra, más adaptativa y con más conocimiento.

El trato

El trato, ¿cuál trato? El que le damos a la gente con la que interactuamos. 

¿Cómo tratas a las personas con las que compartes? ¿Las miras a los ojos cuando les hablas? ¿las oyes o las escuchas? ¿intentas comprenderlas? A lo largo del tiempo he entendido que las buenas relaciones inician con un buen trato. Ese es el ingrediente secreto para que perduren.

¿Alguna vez has entrado a algún local y la persona que te estaba “atendiendo” no era capaz de mirarte a la cara? ¿cómo te sentiste? Lamentablemente en muchos de los lugares que nos desenvolvemos estas actitudes cobran mayor fuerza con el paso del tiempo. La falta de cortesía, de empatía, de servicio son cada vez más comunes. Hay personas que están en el lugar equivocado y no lo saben, haciendo un trabajo que no les gusta y tratando con personas que no tienen la culpa de lo que viven a nivel personal.

Bien es cierto que no sabemos qué sucede en la vida de estas personas, pero cuando se escoge un trabajo donde hay que relacionarse con gente y el objetivo es vender algo, sea producto o servicio, hay que situarnos dentro del espacio y el momento. Lo que sucede en casa se va con nosotros pero lo adaptamos a la situación y al entorno para que no nos salpique en otros momentos de nuestro día. ¿Me voy dando a entender? Se trata de ubicarnos para beneficio de nosotros y nuestra relación con otros.

Nosotros los humanos, en su mayoría, somos seres de afecto, de atenciones, de buenos tratos. Piensa si esto es lo que estás obteniendo de tu entorno y cualquiera que sea tu respuesta te aseguro que tiene que ver con lo que tú estás ofreciendo.

 

 

 

Mirarnos de cerca

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A lo largo de nuestras vidas nos exponemos a millones de experiencias, algunas positivas, otras negativas, pero todas colaboran en gran medida en la construcción de nuestra personalidad. Estas vivencias se alojan en nuestros esquemas mentales y funcionan de referencia cada vez que nos toca enfrentarnos a diferentes situaciones, ayudándonos a responder de la forma que hemos aprendido.

Debido al estilo de vida acelerado que llevamos en la actualidad, pocas veces nos detenemos a pensar en nosotros, a analizar nuestros modos de respuesta, a revisar nuestra capacidad de ser asertivos; pocas veces filtramos lo que nos han enseñado esas experiencias y todo está acumulado y desordenado en un solo lugar. El ambiente es nuestra escuela, pero no todo lo que aprendemos desenvolviéndonos en él es positivo y es aquí cuando debemos asumir el papel de regulador, analizando toda información a la que le estamos dando entrada en nuestra vida.

La mayoría del tiempo es más sencillo distinguir los errores en el exterior, en las demás personas que son ajenas a nosotros. Que difícil se ha vuelto hacernos una autoevaluación, nos da terror lo que podamos encontrar y empezamos a evadirnos con frecuencia; y otras veces ni siquiera nos damos cuenta de que estamos haciendo algo mal.

En esos casos donde las cosas se nos salen de control, nuestras relaciones se debilitan, nuestro autoestima empieza a tambalearse; es preciso revisarnos. DE-construir aquello que hemos ido levantando con el tiempo y con ayuda de lo vivido; para mirarlo de cerca, reconocer lo que está haciéndonos daño y separarlo de lo que ha sido de provecho, limpiar nuestros filtros, desempolvar ese aprendizaje que fue positivo pero enterramos en el fondo de nuestros esquemas y ahora quizás tenga más utilidad que otros métodos. Después de esto, empezar a RE-construirnos con lo que sea más productivo para nuestras vidas, agradeciendo por las malas y buenas experiencias ya que, como mencioné arriba, nos han hecho quienes somos hoy.

Inténtalo, hoy es el día de esa autoevaluación.

GRACIAS.

Qué difícil es mantenerse fuerte en los tiempos difíciles, donde solo quieres echar todo por la borda y acostarte a dormir.

A mí me ha pasado muchas veces. De hecho hoy me pasó, vivir en el país más peligroso del mundo tiene sus desventajas. Y mientras pensaba en eso desgradable que viví hoy, pensaba en las tantas cosas bonitas que también pasaron y de pronto sentí las ganas de decir: GRACIAS.

A mí me gusta agradecer a Dios, puedes agradecerle a quien tú quieras, incluso a ti mismo. Y esto último es importante, mirarte al espejo y decirte un gran: GRACIAS POR HACERLO BIEN.

Así es como hoy culmina mi día, perdiendo algo material pero ganando un sentimiento de tranquilidad y paz interno que no sé de donde viene pero que bien es experimentarlo.

 

El tiempo

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Al tiempo lo puedes volver tu aliado o tu enemigo, es algo que siempre he dicho. Algunos le temen, otros lo aprovechan al máximo y otros simplemente lo dejan correr hasta el final de sus días. A mí a veces me da miedo el tiempo, siento que hay cosas que nunca se olvidan a pesar de que pasen los años, cosas que hacen daño. Otras tantas veces lo disfruto al máximo con la gente que amo, y eso solo me pasa con pocas personas.

Yo también me he hecho preguntas como “¿cuánto tiempo más me quedará en esta tierra?”, “¿me alcanzará el tiempo para hacer todo lo que quiero”?, “¿tardaré mucho en hacer realidad mis sueños”? No conozco las respuestas para ninguna de estas preguntas, pero lo que sí sé es que mientras despierte cada mañana y pueda respirar, mi tiempo se ha alargado en este mundo y eso quiero aprovecharlo.

Lamentablemente, hay situaciones y personas incluso que no cambian aunque el tiempo pase, nos quedamos esperando aferrados a ese dicho “tiempo al tiempo” queriendo con esa frase adelantar el momento en que algo ocurra y así vivimos, atados a una esperanza que se alimenta con nuestra desesperación.

Hoy muchos pensamientos dan vueltas en mi cabeza y entre ellos el título de esta entrada, me doy cuenta que hay oportunidades que valen oro y que por dejar correr el tiempo esperando el momento perfecto para tomarlas, las pierdo, se fugan a la velocidad de la luz.

Házlo, si tienes ganas y está la oportunidad, lánzate al vacío. Alguien que amo con todo mi corazón me dijo hace poco “lánzate al vacío, a lo mejor abajo puede estar esperando un colchón para aguantarte”, me identifiqué totalmente. Puede que haya o no un sostén abajo, pero nunca lo sabrás si no te lanzas esperando el momento indicado, allí puedes pasar años, a un paso de saltar y nunca hacerlo.

La muerte es segura, la vida es la que representa un reto. Utiliza al tiempo como tu aliado y sobre todas las cosas confía en ti.

Equilibrio entre Razón y Emoción

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Cuando hablamos de razón la relacionamos con la mente, cuando hablamos de emoción con el corazón; pero la verdad es que ambas están alojadas en el cerebro. Goleman en su libro “Inteligencia Emocional” habla de que existen dos mentes que funcionan (la mayoría del tiempo) en perfecta sincronía: la mente racional y la mente emocional. Como su nombre lo indica, la mente racional alude a eventos que se aprecian desde el intelecto y la mente emocional a lo que se mueve desde el sentir. Ambas son importantes, la emoción nos regala la capacidad de actuar intuitivamente ante situaciones que ameriten una respuesta rápida (como cuando sientes miedo en un lugar y te vas de allí) y la razón nos regala la capacidad de pensar con detenimiento las consecuencias de una decisión (como cuando te toca elegir una carrera universitaria).

La mente emocional tiene millones de años existiendo, de hecho la razón surge de ella, explica Goleman que nuestros ancestros se movían mayormente desde la emoción y la intuición y a medida que fueron evolucionando se agregaron nuevas funciones al cerebro, como el sistema límbico, que si bien son las emociones que se alojan en él, este permitió a las mismas organizarse dentro de cerebro y actuar más adecuadamente; además de refinar dos funciones importantes: memoria y aprendizaje. Por lo tanto ahora nuestros ancestros podían adaptarse mejor al medio y tenían herramientas más eficaces para sobrevivir.

Las emociones básicas son: alegría, tristeza, ira y miedo; pero también existen otras como desagrado, vergüenza o culpa. Ahora bien, ¿es posible que la razón y la emoción estén equilibradas? Por supuesto que sí, de hecho no existe pensamiento sin emoción, ni emoción sin pensamiento (tal como expresa Goleman en su libro). Esto es a lo que se llama Inteligencia Emocional, en mi concepto: aprender a conocer las emociones propias y expresarlas de una manera adecuada que me permita ser funcional dentro de mi medio, así como también empatizar con la emoción del otro.

Siempre he pensando que los extremos no son buenos, de nada sirve actuar siempre desde el intelecto obviando lo que siento pero tampoco actuar únicamente desde el sentir dejando la razón a un lado (lo que se conoce como “hacer lo que dicta el corazón”). A veces con lágrimas en los ojos ante un hecho que nos causa dolor decimos que “estamos felices” o cuando tenemos miedo evidente ante algún estímulo decimos que “somos valientes y no sentimos miedo”, es decir, practicamos mucho la contradicción para que los demás no nos vean mal, obviando que la salud mental es más importante que el qué dirán. Cuando un niño llora, en muchos lugares del mundo aun se escucha a sus mayores decir “los varones no lloran, eso es para niñas” y a las niñas “las princesas no lloran”. Y es falso, TANTO VARONES COMO HEMBRAS LLORAN Y TIENEN EL DERECHO A HACERLO (eso incluye a las princesas de la realeza y a los bravucones). Incluso, tienes derecho a sentir miedo, porque es una respuesta de supervivencia ante un hecho que tu sistema considera amenazante, es algo inherente a tu condición humana.

Lo primordial es reconocerte como humano, es saber que tienes derecho a SENTIR y la capacidad de RAZONAR también. Ser inteligente emocionalmente no es algo que se logra de la noche a la mañana. Pero puedes empezar dando pequeños pasos como distinguir la emoción que estás experimentando en cierto momento, internalizarla, darle nombre y simplemente aceptarla. Si algo te causa dolor, puedes llorar porque estás triste, si algo no te gusta es normal sentir desagrado. Tu poder de raciocinio es quien te guía para tomar decisiones adaptadas a las demandas de tu medio, que te hagan feliz a ti y te permitan ser funcional (como mencioné anteriormente). Por esto es que la mente emocional y la mente racional están en constante interacción, una no funciona sin la otra.

El verdadero control de tus emociones se logra dejándolas salir primero sin represión para que puedas RECONOCERLAS.

¿Ir al psicólogo? Y, ¿para qué?

Psicología y psicoterapia son palabras a las que muchas personas aun le tienen miedo. “¿Para qué voy a ir al psicólogo? ¿Yo estoy loco acaso?” son algunas de las frases que se tienden a oír constantemente; al menos en mi región las he escuchado muchas veces. Hoy vamos a hablar de qué trata todo este proceso tenebroso para algunos pero que resulta enriquecedor una vez que te atreves.

La psicoterapia no es más que el  proceso de redescubrirte. Es un camino que decides emprender junto con el psicólogo y/o psicoterapeuta donde él se convierte en tu acompañante y tu le vas guiando con tu discurso y tu historia; a fin de que juntos puedan unir los hilos sueltos y armar una pieza completa que te servirá de apoyo, entendimiento, conocimiento de ti mismo y que sin duda te brindará un bienestar emocional y mental enorme.

No es más que eso. La psicoterapia brinda un grado de satisfacción al psicólogo dado que él es quien se prepara para llevarla a cabo pero el mayor grado de placer lo vas a obtener tú, el que asiste. Es importante aclarar que la Psicología es una práctica preventiva ya que te ayuda a evitar que te desestabilices mentalmente, te desconozcas, que te sientas perdido, va a evitar que hagas daño a las personas de tu alrededor con tu actitud. En fin, es una práctica que está 100% al servicio de tu salud mental.

Lamentablemente aquí en Latinoamérica, en muchos de nuestros países, asistir al psicólogo es algo destinado para “los locos”. Yo tengo una frase que siempre uso: “ir a psicoterapia impide que te vuelvas loco.” Nuestras culturas están llenas de mitos y tabúes. Ligar psicoterapia con locura es uno y muy grande. No vas al psicólogo para curar tu locura, vas para hablar de aquello que te está incomodando y de lo que tú quieras, ese es tu espacio y el psicólogo tu acompañante.

Cuando tenemos un problema, siempre corremos al primer amigo y aunque nuestro amigo pueda ser muy sabio, nos va a aconsejar desde su punto de vista TODO EL TIEMPO y puede que al final de esa conversación donde tú le echas el cuento y él te aconseja, termines sin hacer ni una sola cosa de la que te diga.. y, ¿sabes por qué? Porque te habla desde sí, todo ahí es subjetivo. El Psicólogo te escucha y desde la objetividad te brinda herramientas que te permitan conocerte a ti mismo, explora en tus fortalezas así como en tus debilidades y saca siempre lo mejor de ti. Jamás te dirá: “deja a ese hombre que no vale la pena”, va a ayudarte a ver qué te hace estar con esa persona y al final tú tomarás la decisión.

Como dije anteriormente, la psicoterapia se trata de REDESCUBRIRTE, porque ya sabes quien eres, sabes que estás aquí y sabes que existes; pero ¿sabes todo de ti? ¿afrontas las situaciones de la manera que va acorde a tu forma de ser? Porque todos somos diferentes y con el consejo yo te estaré diciendo qué hacer como si fuera yo; pero desde la escucha y con mi arma que es la psicología te enseñaré a que decidas tú y a DARTE CUENTA por ti mismo.

En fin, la psicoterapia te acerca al concepto de ser independiente, te ayuda a serlo realmente. Te olvidas de buscar en las ramas lo que solamente encontrarás en las raíces.

¿Todavía dudas de asistir al psicólogo?

Estamos viviendo la desesperanza aprendida

ave¿Qué es la desesperanza aprendida? Es un término empleado por la Psicología. Martin Seligman lo estudió a fondo sometiendo a un grupo de perros a constantes descargas eléctricas, al principio buscaban la manera de evitar el sufrimiento pero resulta que se acostumbraron tanto al dolor que se hicieron indiferentes a él y no hacían esfuerzo alguno por escapar del mismo.

¿Esto les suena conocido? A mí sí, es exactamente lo que estamos viviendo en Venezuela. Recuerdo en el 2014 cuando fue la época de las “guarimbas”, marchas, protestas, etc., en contra del gobierno. Como al final resultó en NADA, desistimos y ahora vivimos con el pensamiento de “nada de lo que hagamos va a hacer que salgamos de esto.” Es decir: nos acostumbramos al dolor, ya nada nos motiva a luchar porque: “¿para qué? si todo seguirá igual.”

No solamente en Venezuela, esto se aplica en muchos países del mundo y en muchas situaciones.  Pero tampoco es exclusivo de las masas, también a nivel personal muchas veces vivimos la desesperanza aprendida y nos acostumbramos a mirar la vida solamente en color gris y nos olvidamos de que existen otros matices. Para algunas personas la desmotivación es tanta que incluso rechazan la oportunidad de vivir experiencias positivas porque “de nada van a servir.” Qué triste es acostumbrarnos a sufrir señores y es increíble la cantidad de personas en el mundo que viven así.

Yo que vivo en Venezuela me doy cuenta que este estado es un trending topic en la vida de la mayoría; y es lo que nos ha llevado a decaer tanto como personas y por ende como sociedad.  Los valores se han perdido tanto porque “para qué tratar bien si el otro me va a tratar mal”, la actitud de muchos ha pasado a depender de cómo actúan los otros con ellos. Señores; la educación y el respeto es algo que no se negocia; usted puede aplicar esto con los demás aunque los demás lo vean raro. Estás siendo mejor persona tú.

¿Se puede superar la desesperanza aprendida? 

Como todo en esta vida tiene solución, la respuesta es: SÍ.

  • Como se trata de percepción, es posible cambiar la manera en que vemos las cosas, eso solo depende de ti.
  • No echarle la culpa a los demás. Si bien un gobierno puede estar perjudicando tu país y tu situación económica; no significa que va a transformar tus motivaciones en desmotivaciones. Ver las cosas positiva o negativamente depende de ti.
  • Permítete vivir experiencias rejuvenecedoras; esas que te acercan a probar lo rico de la vida y te dan razones para seguir luchando.
  • Recuerda siempre tus motivos para seguir adelante. Una persona sin sueños o sin metas siempre va a estar triste, porque no tiene motivos para trabajar ni superarse a sí mismo.
  • Si los demás te dicen loco, no les prestas atención. Si las personas que están a tu alrededor te tildan de loco por sonreír y tener motivaciones, sigue adelante. El dueño de tus sueños eres TÚ.